
Al parecer, ni la más opositora a las cirugías estéticas se salva del botox. Cindy Crawford es una de las bellas mujeres que públicamente afirman que jamás se someterían a un bisturí para cambiar las huellas de los años de su cuerpo, debido a que la cirugía plástica no sólo distorsiona la imagen física sino también la esencia de una persona.
Pero el botox es otra cosa para Cindy. Por eso, la ex súper modelo confesó que hace más de diez años atrás, cuando estaba en la cumbre de su carrera sobre las pasarelas, recurrió en reiteradas ocasiones a la toxina botulínica sólo para verse perfecta.
“Pero hace diez años que no me pongo botox. (…) Ni pienso hacerlo”, dijo la ex de Richard Gere. Díganme si no parece la declaración de un adicto que se enorgullece de haber dejado su droga, prometiendo seguir “limpio”…

No quiero parecer tendenciosa. Cindy Crawford no nombró jamás la palabra “adicción”, pero vamos a convenir en que el efecto que provoca el botox en las celebridades (más allá de la deformación del rostro, en muchas ocasiones) es justamente el de la dependencia. Todos recordamos las declaraciones de Jennifer Aniston, que admitió haber recurrido a este tratamiento estético y recomendó a las mujeres que nunca recurran a él para mejorar su aspecto.
No son pocas las mujeres que durante años han sido consideradas las más bellas de Hollywood, y que ahora parecen tener otros rostros. Hace un tiempo que ciertas apariciones de Meg Ryan nos desilusionaron por la pérdida de la naturalidad y la frescura de sus gestos, al igual que sucede últimamente con Nicole Kidman. Lo triste es que al ver las secuelas de cada dosis, siempre necesitan más para paliar los daños de la anterior, y no se dan cuenta de que cada vez se ponen peor.

Sin embargo ese no es el caso de Cindy Crawford, que ahora tiene 43 años, ya que supo frenar a tiempo y hoy luce bellísima y mucho mejor que otras mujeres de su edad. Las fotos de la portada de la revista Allure de marzo pasado –en las que apareció desnuda, sólo cubierta con crema- lo demuestran (salvo que pensemos que por allí, como pasó con Demi Moore, también metió la cola el Photoshop).